INDISCIPLINA SOCIAL EN CUBA. El gobierno de Raúl Castro pide ayuda a la Iglesia

asamblea1

Alarma en Cuba. No por el bloqueo estadounidense, que asedia la isla desde hace medio siglo; tampoco por las penurias económicas crónicas y a las que trata de hacer frente el gobierno con una mezcla inédita de socialismo de estado e iniciativa privada en la que se integran cooperativas y mercados libres. La alarma es por la indisciplina social.

Castro, Raúl mucho más que Fidel, lanzó la alarma desde la tribuna del Aula magna de la Universidad de La Habana desde hace tiempo, ante un público de estudiantes y profesores, pero para que el mensaje llegara al partido comunista y a sus cuadros, incapaces de frenar o de dar una respuesta al malestar que se esconde tras la debilitación del civismo y la consecuente “victoria” de la vulgaridad, de la marginalidad, del chismerío. La revolución, indicó el general Castro (Raúl) con su optimismo de siempre, nunca será destruída por un enemigo exterior, sino por “nosotros, sus hijos”, que la pueden deshechar como un pedazo de historia que ya no sirve para nada.

El análisis del número uno cubano fue claro. “Parecía que estábamos en el confesionario ante un sacerdote de esos exigentes”, nos indicó en broma uno de los presentes. Y no se trata solo de “hurto de estado” o de “desinterés por los instrumentos colectivos de trabajo” que siempre han sido fustigados por los jefes de la revolución. “Se han propagado con relativa impunidad las construcciones ilegales, la ocupación no autorizada de casas, el comercio ilícito de bienes y servicios, el no respetar los horarios de trabajo, el robo y la matanza de ganado, la captura de especies marinas en peligro de extinción, el recorte de los recursos forestales, incluido en esto el magnífico jardín botánico de La Habana, la acumulación de productos y la venta a precios más elevados de los mismos”, hasta “conductas propias de la marginalidad, como gritar por las calles, el uso indiscriminado de palabras obscenas, tirar basura por las calles, hacer las propias necesidades fisiológicas en los parques, ensuciar las paredes de edificios públicos…”.

Cosas bastante conocidas en otras latitudes y bajo otros cielos… Pero justamente aquí, al final de una interminable lista de “pecados”, surgió una palabra vetusta (virtud) en los labios del líder comunista que después inundó las páginas de las revistas teóricas del partido, como “Catauro”, “Temas”, “Bohemia”… Virtud, es decir “decoro”, “amor por la verdad”, “sinceridad”, “civismo y sentido del otro”. La virtud, tan imprescindible para José Martí, pero sobre todo virtud humana y cristiana.

Es decir, la revolución cubana, una fuerza moral más que subersiva o un cambio ético de consecuencias sociales (parafraseando a Martí), a final de cuentas disminuida justamente en lo moral. Después de medio siglo deja de ser un factor de civilización. Y justamente la esperanza ahora se deposita en la Iglesia, relegada durante mucho tiempo como fuente de una dudosa moralidad.

Profesor Jesús Guanche

Profesor Jesús Guanche

La católica “Espacio laical”, expresión del arzobispo de La Habana, el cardenal Ortega, entendió muy bien lo que está en juego y reflexiona al respecto en sus páginas; el centro cultural Félix Varela (nombre del prelado y filósofo católico cuyo proceso de beatificación está en curso), impulsado por el cardenal Ortega e inaugurado justamente por Raúl Castro, también participa activa e intensamente en el debate. Y así, un comunista como el profesor Jesús Guanche lanzó desde esa tribuna su llamado a los católicos y a la Iglesia a unir sus fuerzas para dar un alma a la revolución y salvarla. Porque, como estaba escrito en un cartel a sus espaldas, “No hay Patria sin virtud, ni virtud con impiedad”.

Torna alla Home Page